En los últimos cinco años, el tiempo que los niños pasan conectados a dispositivos móviles ha aumentado un 30 % según estudios de la Universidad de Stanford. Este incremento no solo afecta la calidad del sueño, sino que también modifica la forma en que los jóvenes interactúan con sus pares, generando desafíos inéditos para los adultos encargados de su educación. Los padres ahora buscan equilibrar la pantalla con actividades al aire libre.
Paralelamente, legislaciones como la Ley de Protección de Menores en el entorno digital de la UE han introducido obligaciones de limitación de tiempo de uso para menores de 16 años. Estas normativas reflejan una creciente preocupación por la salud mental, respaldada por investigaciones que asocian el exceso de pantalla con ansiedad y déficit de atención. El debate público, sin embargo, sigue dividido entre la protección y la autonomía infantil.